La inflación al 5%, la firma de hipotecas congelada, el Euribor por la nubes, los tipos de interés a punto de subir, el paro creciendo a paso de gigante, los comercios vacíos, la Bolsa batacazo tras batacazo…Si lo que estamos sufriendo no es una crisis en toda regla, que baje santo Solbes y lo explique.
Entre tanto, los mortales tendremos que apretarnos el cinturón (¿nos quedan agujeros?) e intentar aguantar el chaparrón con el paraguas que tengamos a mano. Eso lo tenemos claro y en esas estamos.
Lo que no parece de recibo es que encima algún experto que otro nos lo pase por la cara, con recochineo, nocturnidad y alevosía. Hace unos días escuché a un empresario decir sin ningún resquicio de pudor que los «ciudadanos» estábamos afrontando «muy bien» la «desaceleración económica», porque «habíamos optado por reducir el consumo y por dejar de pedir créditos».
¿Optado por reducir el consumo? ¡Qué ironía! ¿Es que acaso tenemos otra opción cuando los sueldos duermen a 40 grados bajo cero mientras los precios sube escalones de tres en tres? Este lúcido profesional debería explicar cómo se puede seguir yendo de tiendas cuando el litro de leche vale tanto como el de gasolina o la hipoteca media sube 50 euros al mes.
¿Que no se piden créditos? Da risa. ¿Es que alguna entidad financiera los concede ahora con la misma frivolidad con que los regalaba hace un año? Se siguen solicitando, la diferencia es que los bancos no ceden ahora más del 70% de la hipoteca y nadie tiene dinero ahorrado para poner el 30% restante.
Con ese panorama, la pregunta que habría que hacerse es si los empresarios están afrontando bien la crisis. Los ciudadanos no tenemos demasiada alternativa ya embarcados en el loco modelo de comprar casas superiores a nuestras posibilidades. Pero, ¿tienen capacidad de movimiento los empresarios?
Resulta evidente que ni el Gobierno regional ni las patronales canarias pueden hacer demasiado contra el aumento del precio del petróleo o la crisis financiera que llega desde EEUU. Ni siquiera está en la mano del Ejecutivo de Zapatero poner freno a la bola de nieve que baja por la ladera y que todavía está lejos del llano.
Sin embargo, los empresarios canarios cuentan con un recurso extra. No es una varita mágica, pero sí una bolsa de millones de euros que debería servir para algo más que para comprar inmuebles. Se llama Reserva de Inversiones de Canarias. ¿Se acuerdan de esa ayuda estatal mediante la que los empresarios se ahorran un 35% del Impuesto de Sociedades? Ante la noticia periódica de los cientos de millones que se acumulan ociosos en la RIC, resulta paradójico que en época de vacas flacas este recurso desaparezca como los ojos del Guadiana. ¿Habrá que volver a los tiempos de bonanza para oír a los empresarios pedir nuevas salidas para la Reserva?
[Fuente: canarias7.es]