El primer problema son los plazos reales. El cliente no dispone de la cantidad solicitada transcurridas 48 horas desde la primera llamada, tal y como anuncian, sino pasadas 48 horas desde que le conceden el crédito. Y los trámites (envío de los formularios al cliente, su devolución a la empresa y el estudio por parte de la financiera) se pueden prolongar más de una semana. En realidad, el plazo que anuncian comienza a contar desde que el crédito es aceptado.
El segundo sería los intereses reales. Como contraprestación a la facilidad en la concesión del crédito y a la posibilidad de su devolución a largo plazo, estas entidades prestan su dinero a un tipo de interés significativamente superior al de otras alternativas de financiación. Así, si un crédito al consumo en un banco tradicional puede tener una TAE (Tasa Anual Equivalente) de alrededor del 9 %, los Establecimientos Financieros de Crédito prestan a unas TAE por encima del 20 %.
Más caros
Ejemplo real de Cofidis, una de las EFC más consolidadas en Europa. A través de ella, se puede obtener un crédito de 600 euros a 7 meses con un tipo de interés mensual del 1,7367 %, lo que implica devolver cada mes 96 euros. En total el cliente devuelve 672 euros, lo que puede parecer muy razonable si no pensamos que financieramente equivale a pagar un tipo de interés anual del 22,95 %, dos veces y medio más que el interés más caro de los préstamos personales de los bancos.
En 2002 existían en España 84 Establecimientos Financieros de Crédito. Al ser empresas legales, el Banco de España se limita a vigilar que los prestamistas no se hagan pasar por bancos ni induzcan a que se les confunda con ellos, una treta que les puede suponer sanciones de hasta 30.000 euros. Por lo demás, su actividad es lícita, incluido el elevado interés, por considerarse que de alguna manera, tienen que compensar el riesgo asumido.
Por otro lado, cada vez son más las entidades financieras tradicionales que deciden ofrecer este tipo de productos, tras observar la buena respuesta de los consumidores. Los cajeros automáticos o Internet son las vías elegidas.
Los expertos aconsejan que se soliciten los créditos rápidos sólo cuando se han agotado otras vías. Dado que su interés es más de dos veces y medio mayor que el de bancos y cajas de ahorro, es preferible sopesar otras alternativas antes de pedirlos. Se puede intentar con familiares o amigos, e incluso se pueden pedir adelantos de la nómina en la empresa.
Evitar impagos
El Banco de España pide a los usuarios que en estos casos sean más precavidos que nunca y les aconseja que comparen las condiciones con otras ofertas similares, que lean detenidamente el contrato, que se aseguren de que entienden las obligaciones que asumen y que planifiquen financieramente su situación para evitar posibles impagos o incurrir en sobreendeudamiento, según El Portal del Cliente Bancario de la entidad en Internet.
También recuerda a los usuarios que la mayor flexibilidad de pago que suelen ofrecer estos productos “no exime de cumplir con la obligación de devolver, dentro del calendario decidido, las cantidades recibidas, los intereses debidos, las primas de seguro (muchas veces obligatorias) y otros gastos incurridos”. Así, las facilidades que se dan a la hora de solicitarlos no significa que sean menos rigurosos a la hora de cobrar las deudas o inscribir a un cliente en un Registro de Morosos en caso de impago.
Además, recuerda que la entidad que concede el crédito obliga a suscribir un seguro para cubrir el impago del crédito en determinados casos (como el fallecimiento del titular) “cuya prima será a cargo del solicitante del crédito”.
No obstante, la entidad supervisora reconoce algunas ventajas de estos productos, como la “rapidez, confidencialidad y flexibilidad para devolver el dinero” o la ausencia de comisión de apertura o estudio, habitual en los créditos tradicionales.
Fuente: Heraldo de Aragon